He decidido que, de aquí en lo sucesivo y hasta nuevo aviso (o cambio de opinión no comunicado) mi comida favorita es la crema de champiñones [+].
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Ayer compré una consola. Una consola pequeñita con un juego de ranas. La obtención de la consola pasó por buscar infructuosamente el precio, decidir preguntarlo en caja, ir tasándola mentalmente mientras caminaba ("tres... cinco... cinco euros por esto, si es más, la dejo"), llegar a la caja, preguntar el precio, y que me enseñen la pegatinita donde ponía bien claro "seis coma setenta y algo", "bien, vale, no lo había visto, gracias". Y salí de ahí con una consola, una cubitera de hielo... manzanera de hielo, tengo manzanitas de hielo =), y todo lo contrario de orgullo por mi capacidad para leer un embalaje.Las consolas baratas se basan, como todos sabemos, en parecerse a una Game Boy. La mía se parece a una Nintendo DS, con dos (2) pantallas de cristal líquido, lo que no deja de estar chulo; que, además, quedan protegidas al plegarse la consola, con lo que no se rallan. Por supuesto, para que una consola se parezca a una Nintendo DS tiene que tener los mismos botones, resultando en la existencia de tres botones redundantes (start, A, B; todos sirven para empezar a jugar, ponerlo en pausa y salir de pausa, puedo usar el que prefiera) y dos adornos laterales que pretenden ser los botones R y L.
Mis ranas quieren llegar a unas hojas que flotan en el río para sentarse allí. Para ello, tienen que cruzar una carretera (pantalla de cristal líquido 1) y un río (pantalla de cristal líquido 2). Por la carretera pasan coches, que mis ranas quieren esquivar; y, por el río, flotan troncos sobre los que mis ranas quieren saltar para cruzar hasta las hojas.
Mis ranas enseñan a esquivar lo que no nos gusta y buscar lo que nos gusta. Mis ranas también enseñan coordinación psicomotriz, pero eso es muy pedante para este blog. Mis ranas enseñan a cambiar de persepectiva. Mis ranas enseñan que, cuando algo te sale bien, subirás de nivel y será más jodido. Mis ranas enseñan a) inducción y b) ahorro en la redacción de las instrucciones del producto.
En niveles superiores hay troncos que parpadean. Mis ranas enseñan que lo que parece seguro puede no serlo (pero esas apariencias erróneas se corregirán gracias a la inducción).
Mis ranas viven en una retícula más o menos perfecta de diez por siete (sólo las solo cinco hojas que hay al final son sólo cinco y están un poco descolocadas, se puede acceder a ellas desde cinco células de las diez que componen la línea anterior). Para mis ranas existen tres tipos de movimientos: movimientos guays, con los que avanzan; movimientos chungos, con los que se mueren (y pierdo una rana); y movimientos imposibles, que no van a ocurrir por mucho que se lo mandes (como irse fuera de las pantallas o saltar a una hoja desde una de las cinco células desde donde no se puede). Mis ranas enseñan la distinción entre poder ser, no poder ser y por poder puédese pero mejor no lo hagas.
Mis ranas tienen una vida útil de noventa (90) segundos (si antes no las atropella un coche, caen al río, el tronco en que están posadas se va fuera de la pantalla, o supero el nivel); durante esos noventa (90) segundos puedo coronar tantas veces como sea capaz; y tengo un total de seis ranas (vidas); gano una rana (vida) por cada nivel que supero (coronando cinco ranas). Mis ranas enseñan a trabajar bajo presión.
El juego se gana coronando cinco ranas. Mis ranas enseñan que gritar "¡dama!" no sirve de nada. No he visto a mis ranas funcionar en su hábitat natural (submanada de cachorros humanos), pero probablemente enseñen el concepto de número primo: "bueno, perdí, pero conseguí la mit... la terc... las tres cuar...")
Mis ranas pueden moverse en cuatro direcciones, pero sólo les interesa ir en una (se trata de coronar) a no ser que necesiten apartarse para que no las pille un coche. Mis ranas enseñan a invertir en seguridad, pero no más de lo necesario ni crear riesgos que podrían haberse evitado y que llevan a perder tiempo yendo hacia atrás. Mis ranas enseñan que se puede correr delante de los coches, pero que vale más no hacerlo.
Al empezar a jugar suena una música hortera durante unos segundos, antes de que empiece el juego. Mis ranas enseñan que la vida está llena de ritos estúpidos y desagradables que no gustan a nadie, pero que están ahí y preceden a cosas buenas (el juego).
Vienen coches en dos direcciones y los troncos van en dos direcciones (dos hileras de coches y dos hileras de troncos, cada una en una dirección). Mis ranas enseñan a considerar más de una variable. Mis ranas no enseñan el funcionamiento de un curso fluvial.
¡Y es amarilla! [+]
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Hoy fui a la piscina. Me duele todo, no sé respirar, no sé lo que es el ritmo, y mañana vuelvo.